El maíz se consolida año tras año como uno de los cultivos más estratégicos de la producción agropecuaria argentina, con una superficie sembrada que en la última campaña superó los 10 millones de hectáreas, y una producción cercana a los 70 millones de toneladas.
Además de su importancia en la generación de divisas a través de la exportación de granos, el cultivo tiene un rol fundamental en el agregado de valor en origen y en la producción de proteínas animales.
En este contexto, María Fernanda González Sanjuan, gerente ejecutiva de FERTILIZAR AC, destacó “el desafío es que la nutrición no se transforme en el factor que limite ese rendimiento. Cuando las condiciones acompañan, es justamente cuando más tenemos que conocer qué nutrientes puede aportar el suelo y cuáles debemos complementar para transformar esos recursos en más producción.”
Aseguran que un maíz de 120 quintales de rendimiento tiene un requerimiento aproximado de 260 kg de Nitrógeno y 48 kg de Fósforo como nutriente entre otros nutrientes. Si transformamos esos valores a fertilizante, entenderemos que la brecha de aplicación de nutrientes explica, en gran medida, las brechas de rendimientos. A nivel país y en promedio, cosechamos un 30% menos del grano de maíz que podríamos cosechar.
Actualmente, la reposición de nutrientes en los sistemas agrícolas argentinos continúa siendo inferior a la extracción que realizan las cosechas, lo que genera balances negativos en nutrientes esenciales como nitrógeno, fósforo, azufre y zinc.
En la última campaña, se repuso menos del 40% de los principales nutrientes exportados con los granos. Esta situación contribuye a ampliar las brechas entre los rendimientos actuales y los que podrían alcanzarse mediante un manejo nutricional balanceado.
Ensayos de largo plazo de la Red de Estrategias de FERTILIZAR AC muestran incrementos entre 22 y 44% en la eficiencia de uso del agua cuando los cultivos de maíz están bien nutridos, pasando de menos de 12 kg de grano por milímetro de agua caída, a casi 17 kg de grano/mm (en 500 mm representa una diferencia aproximada de 2500 kg de maíz).
Según la reciente encuesta de FERTILIZAR Asociación Civil, sólo el 26 % de la superficie analizada se muestrea todos los años, mientras que un 9 % nunca se analiza y un 17 % lo hace con muy baja frecuencia.
Esta tendencia se mantiene al analizar por nutriente: el 30 % realiza análisis de nitrógeno todos los años y el 23 % lo hace para fósforo.
La adopción es muy dispar por región: mientras que en el sudeste y oeste el 44 % muestrea todos los años, en el norte ese porcentaje cae al 15 % y un 26 % de los productores declara no muestrear nunca.
Conocer la fertilidad de cada lote mediante análisis de suelo, diseñar estrategias balanceadas de nitrógeno, fósforo, azufre y zinc y acompañar el desarrollo del cultivo con tecnologías de diagnóstico y monitoreo son herramientas fundamentales para aprovechar el potencial que ofrecen la genética y una campaña con buena disponibilidad hídrica.
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